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Qué pasa si no trato un pterigión

  • Foto del escritor: Dra. Fiona Xacur
    Dra. Fiona Xacur
  • hace 7 horas
  • 5 Min. de lectura

A veces empieza como “una telita” en la parte blanca del ojo y, como no duele de forma intensa, se deja pasar. Esa es una de las razones por las que muchos pacientes preguntan qué pasa si no trato un pterigión. La respuesta corta es que no siempre se comporta igual, pero sí puede avanzar, generar molestias constantes y, en algunos casos, afectar la visión.

El pterigión es un crecimiento de tejido fibrovascular sobre la conjuntiva que puede extenderse hacia la córnea. Suele relacionarse con exposición crónica al sol, viento, polvo y ambientes secos. Es frecuente en personas que pasan mucho tiempo al aire libre y en quienes viven en zonas con alta radiación UV. Al principio puede verse como un cambio estético menor, pero no conviene asumir que siempre se quedará estable.

Qué pasa si no trato un pterigión a tiempo

Lo primero que puede ocurrir es que el ojo se mantenga inflamado de forma repetitiva. Muchos pacientes describen enrojecimiento, ardor, sensación de cuerpo extraño y lagrimeo. A veces mejora unos días con gotas lubricantes y luego vuelve. Esa molestia intermitente hace que algunas personas normalicen el problema, aunque el tejido siga creciendo lentamente.

Cuando el pterigión progresa, puede empezar a invadir más la córnea. Ahí ya no hablamos solo de irritación o apariencia. El tejido puede alterar la superficie corneal y modificar la curvatura del ojo, lo que favorece astigmatismo inducido. En términos prácticos, esto significa visión borrosa, cansancio visual y dificultad para lograr una graduación estable en lentes.

En casos más avanzados, el crecimiento puede acercarse al eje visual. Si invade la zona central de la córnea, la visión puede comprometerse de manera más importante. No todos los pterigiones llegan a ese punto, pero ese es precisamente el problema de dejarlo sin valoración: no siempre se puede predecir con exactitud cuáles permanecerán pequeños y cuáles seguirán avanzando.

No siempre es una urgencia, pero tampoco conviene ignorarlo

Hay pterigiones pequeños que se mantienen estables durante mucho tiempo. Si no provocan síntomas importantes, no deforman la córnea y no muestran crecimiento, el manejo puede ser conservador con lubricación, protección solar y seguimiento periódico. Eso sí, “no operar hoy” no significa “olvidarse del tema”.

La decisión depende del tamaño, la actividad inflamatoria, la cercanía con la córnea central y el impacto en la calidad visual. También influye si el paciente trabaja al aire libre, si tiene ojo seco, si sufre enrojecimiento frecuente o si el cambio estético ya le resulta relevante. En oftalmología, observar también es tratar, siempre que exista una evaluación adecuada y controles programados.

Riesgos reales de no atender un pterigión

El riesgo más común es la persistencia de síntomas crónicos. Un ojo rojo de repetición no solo es molesto; también puede afectar lectura, uso de pantallas, conducción y tolerancia al clima o al aire acondicionado. A esto se suma la sensación de arenilla, que muchos pacientes reportan como una molestia diaria difícil de explicar para quien no la ha vivido.

Otro riesgo importante es el deterioro óptico progresivo. Si la córnea cambia de forma, la visión deja de ser tan nítida aunque el resto del ojo esté bien. En algunos pacientes esto se manifiesta como aumento del astigmatismo o como visión fluctuante. Si ya usa lentes, puede notar que “ya no le sirven igual” o que una refracción nueva no corrige por completo.

También existe una razón quirúrgica para no esperar demasiado. Cuando el pterigión es más grande y está más adherido, la cirugía puede ser técnicamente más compleja que en etapas menos avanzadas. El objetivo sigue siendo retirar el tejido y reconstruir adecuadamente la superficie ocular, pero tratarlo antes puede facilitar la recuperación visual y anatómica en ciertos casos.

Cómo saber si su pterigión está empeorando

No siempre se nota de un día para otro. El cambio suele ser gradual. Por eso es útil poner atención a señales concretas: más enrojecimiento que antes, irritación más frecuente, sensación de resequedad persistente, aumento visible del tejido hacia la córnea o visión borrosa nueva.

Si además empieza a notar distorsión visual, dificultad para ver con claridad al manejar o molestias cada vez que se expone al sol o al viento, vale la pena revisarlo. En consulta se puede medir su extensión, evaluar si está activo y determinar si ya está alterando la curvatura corneal.

Qué pasa si no trato un pterigión y solo uso gotas

Las gotas lubricantes ayudan mucho cuando el problema principal es resequedad e inflamación leve de la superficie ocular. Pueden disminuir ardor, sensación de cuerpo extraño y lagrimeo reflejo. En algunos pacientes, esto mejora bastante la calidad de vida.

Sin embargo, las gotas no eliminan el pterigión. Controlan síntomas, pero no hacen que el tejido desaparezca. Si existe crecimiento progresivo o afectación visual, limitarse al alivio temporal puede retrasar una intervención que ya era necesaria.

Tampoco es buena idea automedicarse con gotas con esteroide de forma repetida. Aunque reducen el enrojecimiento, su uso sin supervisión puede traer otros problemas o enmascarar la verdadera evolución del ojo. Lo más seguro es que el tratamiento se ajuste según la etapa del pterigión y las condiciones de la superficie ocular.

Cuándo la cirugía sí debe considerarse

La cirugía de pterigión se considera cuando hay crecimiento sobre la córnea con riesgo para la visión, astigmatismo inducido, molestias persistentes que no responden bien al manejo médico o una alteración estética significativa para el paciente. También se valora en personas que necesitan una córnea más regular para otros procedimientos oftalmológicos.

No todas las cirugías se indican por la misma razón. En algunos casos, el problema dominante es el dolor o la inflamación recurrente. En otros, el motivo principal es visual. Y a veces ambas cosas se combinan. Por eso la evaluación especializada es tan importante: permite decidir el momento oportuno y la técnica más conveniente.

La cirugía moderna busca no solo quitar el tejido, sino reducir al máximo el riesgo de recurrencia. Para lograrlo, suele utilizarse injerto conjuntival y una planeación cuidadosa de la superficie ocular. El seguimiento posterior también cuenta, porque parte del éxito depende del control de inflamación, lubricación y protección frente al sol.

El factor que muchos pacientes subestiman: la radiación UV

Un pterigión no aparece por casualidad. La exposición acumulada a radiación ultravioleta tiene un papel claro en su desarrollo y también puede influir en su progresión y recurrencia. Por eso, incluso si el pterigión es pequeño o ya fue operado, proteger los ojos sigue siendo parte del tratamiento.

Usar lentes con protección UV, sombrero o gorra cuando hay alta exposición solar y cuidar la superficie ocular en ambientes secos o con polvo puede hacer diferencia. No reemplaza la consulta, pero sí ayuda a reducir irritación y a cuidar la córnea a largo plazo.

Entonces, ¿debo preocuparme?

Más que preocuparse, conviene ocuparse. Un pterigión no siempre es grave, pero tampoco debe tomarse como un simple detalle sin importancia. Hay casos que solo requieren observación y medidas de protección, y hay otros en los que esperar demasiado permite que avance hacia una etapa con más síntomas o mayor impacto visual.

La buena noticia es que, con una revisión oftalmológica completa, se puede establecer si su caso está estable o si ya necesita tratamiento. En una práctica especializada en córnea, como la de la Dra. Fiona Xacur en Mérida, esa valoración permite definir si basta con control y lubricación o si la cirugía ofrece una mejor solución para proteger su visión.

Si ha notado una “carnosidad” en el ojo, enrojecimiento repetitivo o visión que ya no se siente igual, no espere a que el problema se vuelva más evidente para atenderlo. La córnea merece tratarse a tiempo, porque ver bien no solo es cuestión de graduación, sino de cuidar cada estructura que hace posible una visión clara y cómoda.

 
 
 

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